miércoles, marzo 10, 2010
Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.
Cartas a un joven poeta
Cartas a un joven poeta
sábado, marzo 06, 2010
Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida.
Cartas a un joven poeta
Rainer María Rilke
Cartas a un joven poeta
Rainer María Rilke
viernes, marzo 05, 2010
jueves, marzo 04, 2010
Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca oyó palabra alguna. Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura.
Cartas a un joven poeta
Cartas a un joven poeta
martes, marzo 02, 2010
sábado, febrero 27, 2010
viernes, febrero 26, 2010
jueves, febrero 25, 2010
miércoles, febrero 24, 2010
martes, febrero 23, 2010
lunes, febrero 22, 2010
"It is interesting to note that each viewer of a rainbow stands at the centre of their very own optical illusion; that light, once split into its component colours, streams - within the constraints of nature - upon a mathematically defined axis, of no more or less than 42° relative to each perceiver's location. There is no definitive rainbow, indeed no absolute dimension from which one could view a rainbow, a horizon or simply a piece of architectural design. The ethereal qualities of light juxtaposed upon an infinity of possible perspectives extends interpretation into the realm of chaos."
How things become
Es interesante observar, que cada espectador de un arco iris se encuentra en el centro de su propia ilusión óptica, que la luz, una vez dividida en los colores que la componen, fluye - dentro de las limitaciones de la naturaleza - en un eje definido matemáticamente, de aproximadamente 42° respecto a la ubicación de cada perceptor. No hay arco iris definitivo, de hecho no hay ninguna dimensión absoluta desde la que se podría observar un arco iris, un horizonte o simplemente una pieza de diseño arquitectónico. Las cualidades etéreas de la luz, yuxtapuestas a una infinidad de posibles perspectivas, extienden las posibles interpretaciones hacia el reino del caos.
How things become
Es interesante observar, que cada espectador de un arco iris se encuentra en el centro de su propia ilusión óptica, que la luz, una vez dividida en los colores que la componen, fluye - dentro de las limitaciones de la naturaleza - en un eje definido matemáticamente, de aproximadamente 42° respecto a la ubicación de cada perceptor. No hay arco iris definitivo, de hecho no hay ninguna dimensión absoluta desde la que se podría observar un arco iris, un horizonte o simplemente una pieza de diseño arquitectónico. Las cualidades etéreas de la luz, yuxtapuestas a una infinidad de posibles perspectivas, extienden las posibles interpretaciones hacia el reino del caos.
domingo, febrero 21, 2010
sábado, febrero 20, 2010
viernes, febrero 19, 2010
miércoles, febrero 17, 2010
The Incredible Shrinking Man
I was continuing to shrink, to become... what? The infinitesimal? What was I? Still a human being? Or was I the man of the future? If there were other bursts of radiation, other clouds drifting across seas and continents, would other beings follow me into this vast new world? So close — the infinitesimal and the infinite. But suddenly, I knew they were really the two ends of the same concept. The unbelievably small and the unbelievably vast eventually meet — like the closing of a gigantic circle. I looked up, as if somehow I would grasp the heavens. The universe, worlds beyond number, God’s silver tapestry spread across the night. And in that moment, I knew the answer to the riddle of the infinite. I had thought in terms of man’s own limited dimension. I had presumed upon nature. That existence begins and ends in man’s conception, not nature’s. And I felt my body dwindling, melting, becoming nothing. My fears melted away. And in their place came acceptance. All this vast majesty of creation, it had to mean something. And then I meant something, too. Yes, smaller than the smallest, I meant something, too. To God, there is no zero. I still exist!
Yo seguía encogiéndome, para convertirme... ¿en qué? ¿Lo infinitesimal? ¿Qué era yo? ¿Todavía un ser humano? ¿O yo era el hombre del futuro? Si hubiera otras explosiones de radiación, otras nubes a la deriva por mares y continentes, ¿Podrían otros seres humanos seguirme hacia este vasto nuevo mundo? Tan cerca- lo infinitesimal y lo infinito. De repente lo supe, eran en realidad dos extremos del mismo concepto. Lo increíblemente pequeño y lo increíblemente vasto eventualmente se encuentran - como el cierre de un círculo gigantesco. Miré hacia arriba, como si de alguna manera pudiera asir los cielos. El universo, mundos más allá del número, la alfombra de plata de Dios extendida a través de la noche y, en ese momento, supe la respuesta al enigma del infinito. Yo había pensado en términos de la dimensión limitada del hombre, y no en los de la naturaleza. Yo había sido arrogante con ella. Había creído que la existencia comenzaba y terminaba en la concepción del hombre, y no en la de la naturaleza. Sentí mi cuerpo menguado, fundiéndose, convirtiéndose en nada. Mis temores de desvanecieron y en su lugar llegó la aceptación. Toda esta vasta majestuosidad de la creación tenía que significar algo, y yo, por lo tanto, tenía que significar algo también. Si, más pequeño que lo más pequeño, yo también significaba algo. Para Dios, no hay cero. Yo todavía existo!
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